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SÓLO CIENCIA

Más cerca que nunca del origen del universo

Más cerca que nunca del origen del universo

Cerca del final de su vida útil, el telescopio espacial Hubble sigue siendo una herramienta muy útil para los arqueólogos del universo. Sus ojos acaban de divisar lo que seguramente sea -con una probabilidad del 90%- la galaxia más lejana jamás detectada, cuya luz ha recorrido un viaje de 13.220 millones de años hasta las lentes del telescopio. Esta diminuta galaxia -100 veces más pequeña que la Vía Láctea-, una débil mancha en las instantáneas del Hubble, nació cuando el universo no era más que un "crío" de 480 millones de años.

El hallazgo de esta galaxia, denominada UDFj-39546284, aportará importantes claves de los primeros gateos del cosmos, cuando había cumplido sólo el 4% de su edad actual. "Estamos retrocediendo hasta un punto muy cercano al de la formación de las primeras galaxias, que se formaron en torno a 200 o 300 millones de años tras el Big Bang", proclama el astrofísico de la Universidad de California Garth Illingworth, cuyo trabajo se publica mañana en Nature.

Según sus averiguaciones, durante el periodo en que se creó esta nueva galaxia -de 480 a 650 millones de años tras el Big Bang- se multiplicó por diez la tasa de nacimientos de estrellas. "Es un incremento asombroso en un periodo tan corto de tiempo, un 1% de la edad actual del universo", asegura Illingworth.

El equipo responsable del descubrimiento defiende que este descubrimiento permitirá sacar conclusiones válidas sobre el rápido aumento de la población de galaxias y modelos sobre cómo se formaron.

El hallazgo del Hubble está al límite de sus capacidades, aunque los astrónomos que han trabajado con la NASA para dar con esta galaxia aseguran que es fiable, ya que han empleado meses de análisis antes del anuncio. El descubrimiento sólo ha sido posible gracias a la sensibilidad de la cámara de gran angular que se instaló en 2009 en el Hubble.

Para ir más allá de la galaxia UDFj-39546284, los astrónomos deberán esperar al lanzamiento del nuevo telescopio espacial de la NASA, el James Webb, que estará en órbita dentro de tres años. Las posibilidades que se plantean son enormes, dado que hasta el momento sólo se ha estudiado un pedazo mínimo de la bóveda celeste que se ve desde la Tierra, el equivalente al 0,6% de la mancha de la Luna en el cielo.

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