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SÓLO CIENCIA

La navaja de Occam

La navaja de Occam

Es un principio metodológico y filosófico enunciado por el fraile franciscano y filósofo inglés William of Ockham. Tal principio defiende textualmente que: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla, suele ser la correcta”.  Por ello cuando se tienen dos hipótesis o teorías en las mismas condiciones,   aquella cuya explicación sea más fácil tiene más probabilidades de ser correcta, que la que tiene una explicación más compleja.

Este principio aunque no es irrefutable en el método científico, ya que a veces la opción más compleja de explicar acaba siendo la correcta, se ha utilizado durante muchos años como una regla general para los científicos en sus investigaciones y ha tenido mucha importancia en el desarrollo de la Ciencia.

Uno de los campos en el que éste principio ha sido utilizado por dos formas de pensar antagónicas es en la Biología. En la que algunos creacionistas se basaban en la Navaja de Occam, suponiendo que es más sencillo que un Dios haya creado todo a la teoría de la evolución.  En cambio, los defensores de la teoría de la evolución de Darwin apoyaban que era más sencillo la explicación evolutiva que se bastaba por sí sola sin tener que multiplicar las causas, y se apoyaban en que la propia navaja de Occam servía para anular muchos de los ganchos sobrenaturales de los fenómenos naturales, por lo que no admiten lo más complejo de todo, que es un Dios omnipotente como origen de toda la vida.

Aunque mucha gente ha confiado en este principio a lo largo de la historia, también ha tenido numerosas oposiciones. El primero en cuestionarla fue un contemporáneo de William, llamado Walter of Chatton que propuso la primera ley anti-navaja alegando que: “ Si tres cosas no son suficientes para verificar una proposición afirmativa sobre las cosas, una cuarta debe ser añadida y así sucesivamente.  Como él numerosas personas han sentido la necesidad de crear su propia anti-navaja como el filósofo David Kellogg Lewis, Immanuel Kant, Karl Menger hasta el propio Albert Einstein propuso su propia anti-navaja de Occam: “A duras penas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es convertir a los elementos básicos en simples y tan pocos como sea posible, pero sin tener que rendirse a la adecuada representación de un sólo dato de la experiencia. Simple, pero no más simple.”

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